jueves, 20 de noviembre de 2014

El precio del silencio

Y al final, esos son los recuerdos que quedan de una persona cuando se marcha para siempre del mundo. Recuerdo que cogió mis pequeños dedos cuando era tan solo una niña y me enseñó a interpretar las horas en las agujas del reloj, que reía con mis travesuras y se alegraba con mi presencia. Que le llenaba de vida. Y ahora ya no está, y lo peor es que nunca pude decirle lo mucho que me acordaba de aquellos años felices.

Y lo mucho que los echaba de menos.

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