jueves, 29 de septiembre de 2011

Roma...jazz


Roma y su melancolía. Roma llora, sufre. Roma extraña. Roma pinta en un lienzo lágrimas de lluvia de color gris. Roma suena a violín desafinado. A lo lejos, oigo jazz. Roma, pura tragedia. Roma no está, si no estás tú conmigo. Mis recuerdos, una vez más, comenzaron a traicionarme. Antes, en Roma, era primavera. Ahora siempre es invierno. Ya solo recuerdo el invierno desde que te fuiste. Otra nota de jazz. Y suspiro. Y me abandono a mí misma, cierro los ojos y eres lo único que veo. Tú, tú y ese toque de color. Tú y tu armonía, tú alterando todo a tu paso sin importarte nada. Tú, como siempre, indiscutible. Indefinible. Tú, música. Jamás volví a ver unos ojos tan duros, una mirada tan firme. Jamás... Roma tampoco ha vuelto a verte. Alguien me dijo que no quería hacerlo de nuevo a no ser que fuera de mi mano. De repente, me acuerdo de algo. Sí, parece que fuera ayer. Tú y yo, juntos, en esa fuente mágica. Pedimos un deseo. Y yo te pedí a ti, conmigo, de nuevo, en Roma. No es fácil vivir sin ti teniéndote en todos y cada uno de mis recuerdos. El resto de mi pasado lo olvidé ya para dedicarme íntegramente a recordarte. En cambio, y como siempre, tú tomas la decisión final. El puzzle no existe hasta que se juntan sus piezas. Aunque, te guste o no, soy el único fragmento de puzzle que encaja contigo. Sin más, cierro los ojos, me duermo, y sigo soñando con notas de jazz.

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